14.1.16

Miguel Ángel Yáñez Polo, un genio discreto.



Descansa en paz mi querido tío Miguel. Un genio discreto, un hombre bueno.


Muere Miguel Ángel Yáñez Polo, el mayor experto en fotografía histórica de Sevilla

Médico internista, escritor, historiador, fotógrafo y, por encima de todo, apasionado del fotodocumentalismo, ha fallecido a los 75 años 

JAVIER RUBIO -  ABC Sevilla

Probablemente, nadie como él haya ahondado nunca en la imagen de Sevilla. Miguel Ángel Yáñez Polo, sevillano de 1940, ha muerto en la ciudad que le vio nacer y a la que consagró su hercúlea tarea de rastreo y documentación de cuantas imágenes fotográficas encontró.
Se consagró a esa tarea en 1976, ya ejerciendo como médico internista con consulta abierta. Su incesante acopio de material gráfico plasmado en cualquier soporte le llevó a guardar en su chalé de Heliópolis más de 100.000 documentos gráficos (había daguerrotipos, albúminas, celoidinas, colodium, placas y cualquier otro formato) de la ciudad entre 1839 y 2001.

Su Fototeca Hispalense se convirtió así en una fuente inagotable de información porque el rigor con que documentaba cada una de las piezas le hacía anotar no sólo la autoría -en muchos casos envuelta en misterio-, la información histórica sobre el paisaje de la ciudad y las características del soporte en que se había plasmado una realidad a menudo ya desaparecida.
En 1980 apareció su «Historia de la fotografía en Sevilla» que vino en poco tiempo a considerarse una referencia canónica en el fotodocumentalismo hispalense al tiempo que espoleaba la consideración y el aprecio por muchos de los tesoros gráficos de los que se habían deshecho no pocos sevillanos por simple desconocimiento.
Ejerció como médico -humanista, habría que adjetivar de inmediato- hasta 1990 a la vez que se desempeñaba como profoser adjunto de cátedra en la Universidad. Fue amigo de Ernesto Sábato, con el que ejercía de cicerone en Sevilla.
Y ejerció la fotografía creativa con una fuerza tal que llevó a incluirlo en la corriente del fotoneosurrealismo, con fondos suyos depositados en el Lincoln Centre Art de Denver (Colorado), la Universidad de Tucson (Arizona), la Fototeca Nacional Cubana, el Pompidou y la Biblioteca Nacional de Francia de París o el Museo Nacional Reina Sofía de Madrid. En 1974 fundó el Grupo Fotográfico f/8 de Libre Expresión.
Como escritor, ganó el Blanco White de Novela de Vanguardia con su obra «Kant, amigo mío». Se interesó por el existencialismo francés de mediados del siglo XX y por la filosofía del pensador de Königsberg (hoy Kaliningrado). Era autor también de otras novelas cmo «Canto del gallo, canto del tiempo» y «Stabat Mater», con la que quedó finalista del primer premio Andalucía de Novela.
En 2002 publicó en ABC de Sevilla «Historia de la fotografía documental en Sevilla», que se distribuyó con el periódico y que venía a suponer el espaldarazo definitivo al «fototestimonialismo» con una obra de divulgación general en el que aportó su caudal inagotable de conocimiento sobre la historia sevillana.


31.12.15

Feliz 2016: disfrutemos de las vistas.



Bueno, este año que ha pasado no ha sido precisamente un camino de rosas, pero una vez en la cima, disfrutemos de las vistas.
Os deseo fuerza y felicidad para 2016, a todos mis amigos de facebook. Nadie dijo que esto iba a ser fácil, pero vale mucho la pena. Los cenizos, por favor, que esperen abajo.


¡¡Buena subida y viva la vida, joer!!

10.12.15

Nueve tabernas: de Via Crucis por Carmona



Estoy releyendo y disfrutando "De via Crucis por Carmona", esa pequeña joya que surgió de las ganas de hacer cosas hermosas de José María Carmona Domínguez, ilustrada por José Castellanos Ubao. Tuve la inmensa suerte de colaborar en ella con esta semblanza de la Noria. La suerte y la osadía, en una edición que abre un poema antológico de Rafa Benitez Toledano, con prólogos de Antonio Lería y del ilustrador, y las letras de José Luis Rodríguez Ojeda, José M. Carmona, Manolo Martínez, Antonio Gavira, José Luís Blanco Garza, Francisco Eslava, Lucas Bolado, Jorge Barrero y Enrique Becerra. Un paseo artístico y literario, nueve estaciones por tabernas, bodegas y bares de mi querida Carmona.


 EN MI MEMORIA


En mi memoria, maleable como una herramienta forjada para dar forma a las cosas que no existen, el olor del corcho aún consigue evocar la textura del aserrín, y aquel aroma a serrería y a cáscaras de cacahuete que, al ser desterrado del suelo de las tabernas por el legislador, descubrió pisos deslavazados y taraceas de cemento untado a lechadas.

Los recuerdos de las tabernas de mi juventud bien pasarían por unas letras escritas sobre un dintel, o por el rechinar de jarcia seca del descorche de las últimas botellas, aquellas que abrían la puerta a la engañosa clarividencia del primer trago de más, o por las volutas de incienso pagano de las colillas mal apagadas que enrojecían los ojos y afilaban la lengua. Y por muchos otros. De entre todos ellos -seguro- me quedo con algunos rostros que aún envejecen el gesto canalla a mi lado, y con otros a los que ya no sabría o no quiero poner nombre, pero que compartieron trago, yantar, y risas y palabras y silencios.

 Los recuerdos te asaltan; la memoria se evoca. Por eso, ya te digo, si tengo que elegir me quedo con la memoria, dúctil y bien adiestrada. Y así, cuando caigan los últimos bastiones tabernarios, y sólo nos queden esos  parques temáticos envejecidos a soplete en los que ya no cruje el pavía de bacalao, y los trazos de tiza en la madera solo sean un recuerdo ante las cartas en letras dauphin sobre fondo de verde carruaje, seguiré embarcado en la Taberna Errante que soñó el viejo genio de Albión, y dibujaré con el dedo sobre una mancha de vino derramado, emulando sin suerte el trazo maestro de  Pepe Castellanos, esa versión impetuosa y montañesa de Toulouse-Lautrec que aún llenará de magia servilletas, manteles y albaranes. Y allí, junto al mismísimo archivero del Lucero de Europa, espiaré a hurtadillas las letras del poeta Rafael Benítez, guardián sempiterno de este barco borracho que, como una suerte de Bartleby tabernario en variante caótica y genial, garabateará sus versos bajo un techo de estalactitas serranas.

En mi memoria, las tabernas de Carmona tienen la impronta del boticario que me enseñó el secreto de las friegas al alma con rioja Contino

Se bienvenido; escánciate. 

Y Mira. 






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Pepe Yáñez 2015 

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30.11.15

Cuidado con las manos

 

 
 



Esta noticia es de hace dos semanas. En esos países en los las leyes se hacen con el libro de rezar, las profesiones de riesgo no son ser bombero, policía o limpiacristales. Curiosamente son pueblos en los que la gente posee un hermoso sentido estético y artístico de la vida, pisoteado por los sátrapas que los gobiernan, que en este caso, como antes los talibanes de Afganistán y armados anteriormente por los rusos, van ahora de la mano del gringo en la guerra contra Daesh, tras años de guiños y apoyo financiero, por ejemplo en TVs, a lo más trasnochado de la extrema izquierda europea. De demonios a compadres, los intereses hacen extraños y cambiantes compañeros de viaje. Qué arriesgado, inocente y ridículo resulta hablar con tanta vehemencia de colores puros.

Lo que es seguro es una cosa: compañeros, cuidad dónde sacáis el cuaderno de apuntes que podemos perder las manos. Literalmente.





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Pepe Yáñez 2015 

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Rumbo Sur







                     Yo hubiera querido enseñar a los niños esos dorados
                     de la ola azul, los peces de oro, los peces cantores.
                     La espuma en flor bendijo mis vagabundeos
                     y vientos inefables me dieron sus alas por un momento

                     A. Rimbaud
                     Le bateau ivre.







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Pepe Yáñez 2015 

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19.11.15

De tibios y bocazas.





Desde luego que conozco musulmanes que viven conforme a su creencia en un buen Dios, es cuestión de querer que así sea, más que de profesar una religión u otra. Son amigos míos que me abrieron sus casas muy lejos de la mía sin preguntarme a quien rezaba, y no me gusta que se les insulte, porque no lo merecen.

Gente que no quiere ver un burka ni en foto, que, como la mayoría de los mortales no vive obsesionada con su religión. Gente que odia a Daesh mucho más que cualquiera, porque los ha convertido en blanco de la desconfianza, el miedo y el rechazo. Personas iguales a los cientos de musulmanes que Daesh, Boko Haram o Al-Qaeda asesina a diario en sus mezquitas, en sus mercados, en sus calles, haciéndolos víctimas del mismo odio que esas alimañas profesan hacia quienes no se sometan a su inmundo y perturbado imperio del miedo.

Mantener que islam solo hay uno, y pretender que todos los musulmanes se pronuncien desde el punto de vista religioso como una sola cosa y todos a una, ya sea sobre la interpretación de una sura por un ulema pirado - o simplemente hijoputa - o sobre la manera de cocinar un pollo, es como querer que un cristiano adventista de Indaiatuba o un amish de Lancaster le pongan velitas a la Virgen porque hace cuatrocientos años no había más iglesia que la de Roma.

Las sociedades que se fundaron en torno al humanismo cristiano evolucionaron como tales desde la barbarie excluyente hacia lo que hoy tenemos por sociedades libres. Y fue precisamente cuando renunciaron a un concepto teocrático del poder, que es la principal lacra que lastra al actual islam. El islamismo, su cara más fanática, es más una forma de gobierno y de control social que una creencia, y ejerce su poder a través de fórmulas tan antiguas, y tan conocidas por nosotros en otras épocas,  como la coerción moral de las sociedades en las que se erige el Corán, no como libro religioso- la Biblia en partes también es atroz si se lee literalmente- sino como código de gobierno.

La tragedia de los musulmanes respetuosos con otras creencias, hoy día, es que la minoría más fanática es la que rige la mayor parte de sus sociedades y estados, a través de una religión a la que no interesa liberar de sus más anacrónicos y estrictos preceptos, ya que son precisamente estos los que permiten doblegar las libertades individuales y el libre albedrío. Ese es nuestro enemigo. Manifestarse en contra de atentados como el de París en Sudán, Malasia, Nigeria o Pakistán, o en las calles de cualquiera de nuestros “aliados”, Arabia Saudí, Emiratos  incluso en alguno mucho más cercano, es sencillamente jugarse la vida, convertirse en un apestado, no por motivos religiosos, sino por la utilización por parte de sátrapas de un libro religioso como código de gobierno, como una manera de ejercer el poder. A nadie puede exigirsele que se convierta en héroe.

Cierto es que ese mismo silencio, legítimamente cobarde, se convierte en agravio cuando se produce en sociedades con libertad de expresión y con derecho de manifestación. Bajo él se amparan y cobijan quienes han elegido la religión para obtener el poder o una vida facil a través del terror, también los fanáticos religiosos, con el amparo y la presión social que sobre los fieles pacíficos ejercen ciertos, demasiados, imanes y “mezquitas”. Hay que ir a por ellos, sin contemplaciones, las hienas han clavado nuevamente sus dientes en nuestras ciudades, las que les ofrecimos como hogar y convirtieron en guarida. Han secuestrado la ciudad sede del parlamento desde donde se legislaron las leyes de protección social que con una generosidad impensable en sus naciones de origen ampararon, y en muchos casos subsidiaron su llegada. Todos, como cualquier ciudadano en los países libres, tendrán que admitir finalmente que su religión, y algunas de las costumbres que de ella se derivan, son tan criticables como cualesquiera otras que lo son a diario, con infinita más dureza, sin que arda Troya. Pero hay que distinguir entre delincuentes, asesinos y tibios, y desde luego considerar como iguales a quienes, desde su fe o su cultura musulmana luchan, con más ímpetu y valor que nosotros, en contra de quienes monopolizando su religión los consideran herejes.

En una guerra entre la razón y la barbarie, es necesario tener al enemigo bien localizado. Tirar a bulto, ya sea con armas u opiniones insultantes, sobre todos los musulmanes no solo es injusto, sino peligroso para todos. En esta dura lucha que ahora comienza, en defensa de valores hoy tan heridos como la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, tendremos que ser implacables, y sobran los tibios. Pero también los bocazas.

Eso es lo que pienso. Por si a alguien le interesa.




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Pepe Yáñez 2015 

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18.9.15

POR NO LLORAR. Sirios y Troyanos



POR NO LLORAR

Es difícil definirse en términos absolutos
ante el drama que vivimos en las fronteras europeas. Es fácil, muy fácil, optar por el matonismo verbal, descubrirse armados con un teclado como defensores del imperio Austrohúngaro, más húngaro que austro, y atizar estopa a tirios – en este caso sirios - y troyanos. Esa postura es agradecida, porque si uno se muestra lo suficientemente enfadado y elige bien los vídeos y fotos que cuelga en la red, siempre encuentra su parroquia de seguidores, si no numerosa al menos muy entusiasta, que desahoga su incomodidad porque le agrien el café con escenas de avalanchas de moros hambrientos y vociferantes, cargados con niños que les recuerdan a los suyos, o a sus sobrinos o nietos, vaticinando la voladura en breve plazo de nuestras catedrales y la prohibición dentro de un cuarto de hora de los bocatas de jamón. Estamos saliendo de una crisis, por Dios, y ahora que vamos viendo la luz no estamos para que nos jodan las víctimas de una guerra, pobrecitos, que se veía tan bien por televisión. Un par de no sé donde vamos a llegar y tres que gentuza, y a otra cosa. Que en el mundo no pasa nada grave si no cierran la churrería, la pelu o el bar de la esquina.

Más seguidores consiguen aquellos que, esa si que es fácil, dicen avergonzarse de ser europeos, mire usted ¿porque no abrimos las fronteras como las puertas del cortinglés en enero, y dejamos entrar sin pedir un papel a todos los que tengan cara de buena persona? Mándeme seis a casa, pero mejor mañana. Y si nos entran revueltos víctimas y verdugos, gente honrada y saqueadores de tiro fácil, familias, trabajadores en éxodo obligado y chulos de dedo en cuello, pacíficos devotos del corán o hienas que después de rezarlo lo adjuntan por Seur junto a una cabeza recién cercenada, ángeles y demonios, no pasa nada. Porque en cuanto les contemos que aquí somos multiculturales y que hemos abominado de nuestro pérfido pasado judeocristiano, se harán amiguitos, llamarán por el móvil a Siria, a Afganistán, a Libia o a Iraq, o a Disneylandia, si de allí nos dicen que son, y pedirán que vengan todos a cobrar su pensión y que dejen ya de pelearse.

Más callados, de momento, están los que ven en todo esto una nueva oportunidad para que todo el sistema salte en pedazos, y así, sobre el solar que quede, poder apedrearse a gusto con los demás anti sistema para ver quien consigue construir un nuevo sistema como a ellos les gustan, o anti gustan, los sistemas. O algo así.

También hay otros que están callados, muy callados, siempre callados. Estos comparten libro y rezos con los verdugos, y también con muchas de las víctimas, y no hablan mucho porque están esperando a que los europeos, los que no nos avergonzamos de serlo, los que les hemos abierto las puertas de unas sociedades en las que costó decenios de sangre, razón y autocrítica que no se quemaran iglesias ni mezquitas, descubramos por fin que somos los culpables de todo, porque hace ciento cincuenta años nos fuimos con un salacot a repartirnos sus riquezas con los sátrapas, sus abuelos, que los gobernaban. Gracias a uno de estos, he descubierto que los israelíes, que como todo el mundo sabe se han disfrazado con turbantes y están degollando hasta al canario en Siria, nos están haciendo un favor a los europeos, desviando la atención internacional hacia Jerusalén y Palestina mientras los húngaros hacen el trabajo sucio. De una cosa llamada estado islámico ¿islámico? a mi plín, ni me preguntes, que estoy tan callado calladísimo como mis primos de Arabia Saudí.

PARA NO REIR

Y pienso yo que sobre todos estos, hay una inmensa mayoría, a la que todo este personal toma con desvergüenza por borregos, buenistas, burgueses, opresores o tibios según convenga que, yendo a rezar a la iglesia, a la mezquita, a la sinagoga o al cine asisten entre compadecidos, preocupados y perplejos a un éxodo sin precedentes, y reclaman sin aspavientos un equilibrio razonable entre la humanidad, la justicia, el deber de socorro y la seguridad. Entre la tradición europea de ser tierra de acogida, su curiosidad y asimilación ante culturas, artes, filosofías y costumbres foráneas, y la exigencia de respeto e integración en las nuestras y en nuestros valores, que ya de por sí son bastante diversos pero que confluyen, o al menos a eso aspiran en su letra impresa, en la palabra libertad.

Y subyaciendo bajo todo esto, casi olvidado por todos, incluidos estos últimos, el infierno en llamas que ha originado todo sigue silenciado, tras un incomprensible velo de desinformación y desidia. Un ejército de alimañas con turbante y banderas negras que, fanatizando una religión, sigue crucificando niños, decapitando a quienes su libro designa infieles; cristianos, kurdos, chíies…esclavizando mujeres, incendiando iglesias, mezquitas, arrasando el patrimonio de la humanidad y nuestra historia común. Y creando con todo ello una estrambótica y deleznable producción bollywoodiense para pervertir a cientos de inocentes adolescentes musulmanes, ante el silencio de otros cientos de miles. 

¿No es un sinsentido pensar que el problema está en Europa? ¿Enzarzarse en un vacuo y babélico debate sobre cuotas de acogida? Recibiendo a los que escapan, si, es de justicia, pero negando nuestra ayuda a quienes quedaron allí sojuzgados, o combatiendo y defendiendo a su tierra de quienes los expulsan, esa cada día mas cruel, arrogante, organizada y financiada hidra yihadista.

Ya puestos a recordar a los que todos olvidan yo, que no soy muy de incienso ni de campanas, entre todas las víctimas y sin olvidar a ninguna quiero recordar especialmente a los cristianos, que abominación ¿me habré vuelto un meapilas? la confesión religiosa más hostigada del mundo, los más denostados, injuriados, oprimidos, perseguidos o masacrados. Yazidies, coptos, en Egipto, Indonesia, Iraq, Libia, Níger, Siria, Somalia... y en cualquiera de los conflictos del mundo en los que aún se mata en el nombre de un dios.

Y sin saber muy bien si esta tal vez caótica, y sin duda demasiado extensa reflexión me ha salido muy buenista, burguesa, tibia, agresiva o aborregada, o si he roto en perroflauta, reaccionario, demagogo, o en un monstruoso híbrido de todo eso junto, le pongo punto y final antes de que comiencen a acusarme de equidistante, que es la palabra comodín con la que los cerriles de todo trapo apedrean a quienes no escriben exactamente lo que a ellos les salga de la pimporreta. A mí, sinceramente, como que me resbala. Por si a alguien le interesa.

Pepe Yáñez
Septiembre de 2015





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Pepe Yáñez 2015 

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